Nuestra Historia

Introducción.

A partir de la masificación del acceso al espacio digital, que comenzó en la última década del S.XX y continúa en la actualidad, los actos de violencia de género contra las mujeres cometidos, instigados o agravados total o parcialmente a través del uso de tecnologías digitales aparecen como parte del continuum de la violencia patriarcal, llevado al espacio virtual, con las particularidades que tiene este espacio, mismas que a menudo
magnifican sus impactos nocivos.

Sin embargo, aun actualmente, suele considerarse que lo que ocurre en el espacio virtual “no es real” y bajo esa idea, se minimiza la importancia de las situaciones violentas perpetradas en plataformas, medios o con tecnologías digitales. A pesar de que los efectos de esta violencia han cobrado vidas de mujeres desde los primeros años del siglo XXI, no es sino hasta 2017 que surgen los primeros estudios en el mundo sobre el tema con perspectiva de género.

La pandemia mundial por COVID-19 y las medidas de aislamiento social que se implementaron por los gobiernos, nos obligaron como sociedades a llevar muchas de nuestras actividades a los espacios virtuales, incrementando enormemente los incidentes de violencia digital contra las mujeres, lo cual hizo evidente la imperante necesidad de regulación.

Pero mucho antes de la pandemia, en 2014 las integrantes del movimiento Ley Olimpia ya hablábamos de la violencia digital contra las mujeres como un problema público. Desde entonces hemos desarrollado mecanismos y metodologías para dar contención a las víctimas y llevar la discusión a los congresos de los países de la región latinoamericana, consiguiendo reformas legales que buscan prevenir, atender, sancionar y erradicar los actos de violencia sexual y de género que ocurren en modalidad digital a través de regulaciones como la Ley Olimpia que ya se aprobó en México (2021) y en Argentina (2023). Señalamos que todo lo que ocurre en la virtualidad tiene efectos reales y palpables en la vida
de las personas y lo resumimos con el hashtag: #LoVirtualEsReal

 

Historia

En 2013, en un pequeño municipio de México llamado Huauchinango, en Puebla, fue difundido el vídeo sexual de una joven llamada Olimpia Coral Melo. Durante meses vivió en carne propia los estragos de la difusión, la comercialización, el intercambio, y la explotación sexual digital de su cuerpo a través del consumo masivo de ese vídeo por parte de todas las personas en su comunidad.

Todos los buscadores en Internet, al colocar su nombre, arrojaban más de 14 páginas de todas partes del mundo en las que aparecía  su video sexual, apodándola “Olimpia, la gordibuena de Huauchinango”. Estaba ahí, en todas las mal llamadas páginas porno: esas que lucran con las violaciones a la intimidad de las mujeres, exhibiendo imágenes y videos sexuales de ellas sin su consentimiento para consumo mayoritariamente de hombres, lo
que las configura como verdaderos mercados de explotación sexual digital.

El espacio digital le había arrebatado su nombre, su cuerpo y su intimidad. Sufrió exclusión y odio en redes socio digitales, por parte de personas que fueron cómplices, coparticipes y participes en las agresiones que implica la cadena de producción y difusión de contenidos íntimos sexuales en medios digitales. El rechazo social e institucional que Olimpia vivió la llevaron a intentar el suicidio en  3 ocasiones.

Un día decidió acudir a denunciar ante las autoridades, quienes se burlaron de ella y la revictimizaron diciendo que no existía delito que perseguir y que “ella tenía la culpa por dejarse grabar”, para finalmente asegurar que lo virtual no era algo real asumiendo que no había violencia alguna porque no la habían tocado. Ante esta respuesta, ella se aisló totalmente de todos los espacios públicos, tuvo que esconderse porque en todas partes la juzgaban a ella y no a las personas agresoras que difundieron su video.

Cuando el vídeo llegó a manos de su familia, Olimpia creyó que todo estaba acabado. Sin embargo, su mamá, Josefina decidió defenderla, no se avergonzó de ella, ni la señaló como el resto de las personas. Su familia la protegió y a pesar de no entender la situación, decidieron ponerse de su lado. Así sin saberlo, su madre le dio la primera herramienta para luchar y seguir viva: No culpabilizarla.

Olimpia continuó su encierro, pero gracias al respaldo de su familia, comenzó un proceso de reflexión que la llevó a la decisión de levantar la voz, animando posteriormente a otras mujeres víctimas de esta violencia a luchar por sus vidas. Comenzó a redactar la
primera propuesta para una legislación en América Latina en materia de Violencia Digital contra las Mujeres. Esa iniciativa ha seguido desarrollándose y creciendo a lo largo de estos 10 años de memorias colectivas, gracias a muchísimas aliadas más.

Olimpia fundó el Frente Nacional para la Sororidad y la Red de Defensoras Digitales para atender casos de violencia digital. Ahora llamamos a estas reformas LEY OLIMPIA, pero honramos y revindicamos los nombres de muchas otras mujeres que han enfrentado esta violencia, algunas han sobrevivido y otras tristemente no.

LA LEY OLIMPIA NO ES EL LOGRO DE UNA SOLA MUJER, ES GRACIAS A TODAS LAS QUE HEMOS ACCIONADO JUNTAS

 

La primera vez que presentamos la Ley Olimpia en un congreso fue en 2014, pero no fue hasta 2018 que conseguimos su aprobación en Puebla, después las Defensoras Digitales recorrimos estado por Estado en nuestro país atendiendo víctimas y proponiendo la
legislación en cada congreso, hasta que se hizo una realidad en todo México en 2021 y en Argentina en 2023.

Ahora desde México, Argentina, Colombia, Honduras, Panamá, Guatemala, Bolivia, Estados Unidos, Italia, Francia y otros espacios en el mundo existimos de la única forma que nos quedó para sobrevivir: Una causa colectiva.

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